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Noticias de la literatura
Artículos y ensaios

Demian Paredes

A los más lúcidos les gustaría que todas las tablas clasificadoras, de cualquier área de conocimiento, fueran extintas. Pero, lamentablemente, no hay cómo huir, de manera completa, de ellas. Las tablas periódicas, así como las clasificaciones de Linneo, para bien y para mal, son necesarias. Las áreas, en especial, denominadas científicas, necesitan de agrupamientos de tipos y especies que justifiquen estar una al lado de las otras.

Y, se sabe, cuantas más plantas, insectos, mariposas, peces, insectos, flores, surgen, más las tablas crecen. Se juntan. Se entrecruzan. Se miran. Se desdoblan. Se vuelven tangentes. Se subdividen.

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Entretanto, tratándose de las áreas artísticas, sin olvidar que la literatura es, incluso, un lenguaje artístico, las clasificaciones, en verdad, no deberían existir. Pero, nuevamente, tenemos que tener parámetros básicos para, de alguna manera, dar ejemplo de un cuento, de un poema, de una novela, de un cuadro, de un romance, de una poesía. E, incluso, de las especificidades de cada lenguaje. Escuchemos a Sartre: “Se puede encontrar, sin duda, en el origen de toda vocación artística, cierta elección indiferenciada que las circunstancias, la educación y el contacto con el mundo sólo más tarde irán a particularizar. Además no hay duda de que las artes de una misma época se influencian mutuamente y son condicionadas por los mismos factores sociales”(1).

En la profusión, casi interminable, de las especificidades, conviene recordar que cada lenguaje posee sus posibilidades y limitaciones. Tenemos que escapar, por ejemplo, de ciertos paralelismos entre las artes. En especial, de ciertas comparaciones pretendidamente semióticas que sólo acaban arruinando, todavía más, los conceptos sobre las artes en general. Además de las formas que las diferencian, existe la materia. Una cosa es trabajar, como diría Sartre, con sonidos, colores, y otra, con palabras. En este sentido, permanece una cuestión: ¿dónde se ubica un crítico literario? ¿Cómo clasificarlo?

Los denominados críticos literarios, lamentablemente, no gozan, en la mayoría de los casos, de buena fama. Con su sarcasmo habitual, Sartre ya lo decía: “Es necesario recordar que la mayoría de los críticos son hombres que no tuvieron mucha suerte en la vida y que, cuando ya estaban al borde de la desesperación, encontraron un lugarcito tranquilo como guardián de cementerio. Dios sabe cuán tranquilos son los cementerios: no existen más reidores que en una biblioteca. Los muertos allí están: nada hicieron sino escribir, hace mucho tiempo están lavando los pecados del vivir, y, del resto, sólo conocemos sus vidas a través de otros libros que otros muertos escribieron al respecto”. Continúa irónicamente Sartre: “El crítico vive mal; su mujer no lo aprecia como sería de desear, sus hijos son ingratos, los fines de mes son difíciles. Pero aún puede entrar en su biblioteca, tomar un libro del estante y abrirlo. Del libro escapa un leve olor de sótano, y tiene comienzo entonces una extraña operación que él decidió denominar lectura”.

Entretanto, existen los críticos literarios que huyen completamente de las posiciones propuestas por Sartre. Y, seguramente, Demian Paredes es uno de ellos. Paredes no se reduce a un mero crítico literario. Él es, por encima de todo, un gran y excelente ensayista. Un lector ávido y voraz cuyo mirar hacia las obras literarias no busca solamente a los autores muertos y ya muy analizados, desgastados como caminos polvorientos. No, Paredes es de aquellos que buscan, investigan, seleccionan, ávidamente literaturas en lo general –poesía, novela, ensayo, filosofía– para, de esta manera, construir puentes entre autores y lectores. Entre culturas que son diferentes y al mismo tiempo poseen puntos de universalidad tan imprescindibles para el restablecimiento de la solidaridad efectiva entre los pueblos. Demian Paredes posee la rara sensibilidad de capturar, con refinamiento y lucidez, tipologías textuales singulares. Auténticas. Genuinas.

Los textos de Demian Paredes demuestran su dominio de los elementos estrictamente literarios, así como elementos más contextuales de historia, política, sociología y otros. En este sentido, con gran optimismo, podemos afirmar que este ensayista contraría fundamentalmente cierta ironía de Sartre cuando, amargamente, declaró: “Pero, finalmente, el arte de la escritura no está protegido por los derechos inmutables de la Providencia; esta es lo que los hombres de ella hacen, ellos la eligen, y se eligen. Si la literatura se transformase en pura propaganda o en puro divertimento, la sociedad recaería en un lodazal de inmediato, esto es, en la vida sin memoria de los himenópteros y de los gasterópodos. Ciertamente, nada de esto es importante: el mundo puede muy bien pasarse sin la literatura. Pero puede todavía pasarse mejor sin el hombre”.

 

Ana Maria Haddad Baptista

Índice

Literatura y dictadura

Visiones y versiones de la dictadura: libros y temáticas

Con sombras de palabras: poesía y dictadura

Discurso para la presentación de la novela Yo San Tucho, de Marcos Rosenzvaig

México lindo y querido

 

Lectura + escritura = las (per)versiones de Margo Glantz

Diez años sin Carlos Monsiváis

Escritores en lengua alemana

 

Hermann Hesse: la vida bohemia

Robert Musil: el ansia

En las alturas, de Thomas Bernhard

A propósito de Heldenplatz, de Thomas Bernhard

Una nueva antología poética de Paul Celan

 

Animalia

Pican, pican…

 

Un elogio a la desmesura (literaria)

Alberto Laiseca: cinco años sin el Monstruo

Apostilla del autor sobre los textos seleccionados​

Demian Paredes por sí mismo

Nací en 1978. Fui criado en Provincia de Buenos Aires por una familia de clase trabajadora, con estudios y cultura artística y política (de ahí mi propio nombre, basado en la novela homónima de Hermann Hesse. Siempre digo que seguramente deba agradecer que no me bautizaran con algún otro título... ¡como Siddartha!). También, viví por siete años en Jujuy, provincia del norte. Soy un lector voraz y omnívoro. Desde los cuatro años, ininterrumpidamente. Tuve diversos trabajos: por ejemplo fui cartero, a fines de la década de 1990 –lo que pronto parecía que me había emparentado con el sufrido “Henri Chinaski”, alter ego de Charles Bukowski, cuya primera novela se titula, precisamente, Cartero–. Cursé Comunicación social y Letras. Tuve militancia en derechos humanos y en política, y fui impulsor de la editorial del Instituto del Pensamiento Socialista. Actualmente me dedico al periodismo cultural, el ensayo y la crítica. Colaboro regularmente, desde hace más de un lustro, en los suplementos dominicales “Radar” y “Radar Libros” del diario Página/12.

 

Tuve una relación de amistad fraterna, por siempre entrañable, con el escritor y crítico Noé Jitrik (1928-2022), por quince años. Amistad de la cual salió el volumen que publicamos juntos, Siete miradas. Conversaciones sobre literatura (2018). Él me brindó una generosísima apertura de puertas a diversos mundos, un aprendizaje permanente por medio de un sinfín de historias y tradiciones literarias; de amistades y conexiones con vastos mundos de la literatura y la ciencia, desde nuestra tradición nacional, a diversos países de Latinoamérica, especialmente México. Hablamos de alguien en quien la poesía, el ensayo y la narración, la teoría literaria y el texto periodístico se desarrollaron por siete décadas, en más de 100 títulos. El último año realicé tareas con sus archivos, y preparamos juntos algunos libros que han quedado inéditos pero listos para publicar.

 

Además, participé del volumen colectivo, el 12 y último, de la Historia crítica de la literatura argentina (2018), dirigido por Jorge Monteleone, enfocado en la temática de la última dictadura ocurrida en nuestro país.

Me arriesgo a decir que soy, solamente por la vía de la lectura, un estudioso de la literatura, que, en su condición de “independiente”, puede colaborar, participar y sumarse libremente con diversas instituciones, colectivos y editoriales, a toda clase de proyectos y obras culturales, artísticas y literarias, de manera ad hoc, siempre que me parezcan importantes y dignas, de valía. Publico en diversas revistas, como Zama e Hispamérica. Compilé y prologué Canton lleno (2019) y Canton lleno II (2022), volúmenes dedicados al poeta Darío Canton. Edité Sólo lo fugitivo permanece (2022), volumen de cuentos de la gran dama de las letras mexicanas, Margo Glantz, y compilé y prologué Al margen de la noche. Antología (2023), del poeta argentino Esteban Moore. En el blog de este último (alpialdelapalabra.blogspot.com) vengo publicando, con la etiqueta “Brasil poesía contemporánea”, casi medio centenar de autores y autoras. Pequeñas “muestras de poesía”, con la esperanza e intención de que se puedan transformar en futuras y publicaciones impresas, sean antologías colectivas u obras de un autor o autora en particular. Y está por publicarse La generación que despreció a sus viejos, de Ricardo Lísias, traducción que hice del poemario, tan inventivo como combativo, que escribió este narrador ante la doble catástrofe sufrida de Bolsonaro y el Covid-19.

 

Como dijera Italo Calvino en una carta, soy de preocuparme –y muy gustosamente– más por los libros de los demás que por los propios. Para finalizar, escribí Léxico Laiseca. Comentarios bio-bibliográficos (y otros delirios), dedicado al autor de la novela más extensa de la literatura argentina: Los sorias, de más de 1300 páginas, y creador del género llamado “realismo delirante”. Obra con forma de diccionario, entre el rigor crítico y lo lúdico, recibió el Primer premio de ensayo 2022 del Fondo Nacional de las Artes. Espero que, pese a todas las dificultades económicas que estamos atravesando, lo podamos ver publicado durante el presente año.

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